Título original: Strategizing against the Iraq war
Autor: George Lakey
Origen: Z Net Commentaries, 15-9-2002
Traducido por Maite Padilla y revisado por Alfred Sola
He aquí un método a incorporar inmediatamente a tu caja de herramientas tácticas, justo en el momento en que los activistas calientan motores para oponer resistencia a otra guerra de los Estados Unidos. La buena noticia es que este método no requiere la congregación de ochenta resentidos en una habitación. La mala noticia es que es mejor juntar una media docena o así de personas, aunque esta noticia tampoco es necesariamente mala porque muchos de nosotros sacamos el mejor partido de nuestras ideas cuando interactuamos con los demás. (De hecho, valdría la pena invitar adrede a unas cuantas personas que opinen diferente, para así verse uno motivado por la disparidad de opiniones).
Este método estratégico es en realidad bastante flexible y es a veces útil en grandes concentraciones de militantes. La razón por la cual me refiero a su aplicación en grupos pequeños es porque, si hacemos honor a los postulados de la descentralización política, cuantos más grupos pequeños hagan uso de este método y se familiaricen con él, más efectivo será cuando sea utilizado por grupos más grandes. Este método estratégico está al servicio de las preferencias de base para la configuración de movimientos sociales. En palabras de Starhawk, sirve al poder-con (poder contando con la gente) antes que al poder-sobre (por encima de ella) y es inherentemente democrático.
Como se podrá comprobar, utilizar esta herramienta en el ámbito de los grupos pequeños abre también la posibilidad de pasar directamente a la acción sin esperar a que "el conjunto del movimiento" se organice, con la confianza de que las tácticas utilizadas serán muy probablemente de utilidad para la causa común cuando ésta se organice. Y esto es lo que creo que necesitamos en ésta nuestra cultura norteamericana tan individualista, formas orgánicas de preparar la estrategia que faciliten que las iniciativas independientes sirvan en un cuadro más general. Creo que semejante forma de estrategia orgánica dotará al activismo de la confianza que necesita, al hacer más sencillo desprenderse de la propia arrogancia y aprender a cooperar mejor en un contexto más amplio.
Para empezar, utilizaremos esta herramienta participativa para implicar a la gente
En una hoja grande de papel blanco o en una pizarra trazar una línea horizontal paralela al suelo. Imaginemos que el extremo izquierdo de la línea representa a las personas y los grupos que se oponen más a la guerra contra Irak. Imaginemos que el extremo derecho de la línea representa a las personas y los grupos que más a favor están de la guerra.
A continuación imaginemos que la línea que hemos dibujado representa una gradación. El resto de la sociedad norteamericana está alineada a lo largo de este espectro, con algunos grupos más propensos a acercarse a la posición antiguerra, otros más inclinados por la posición favorable a la guerra y muchos grupos en el medio. Por encima de la línea dibujaremos la forma de una media luna, como la mitad de una tarta dividida en cuñas. Nos aseguraremos de que una cuña queda exactamente en el medio, porque (como acostumbra a suceder) hay un montón de indecisos o personas y grupos que no se inclinan ni hacia un lado ni hacia el otro.
Ahora nuestro grupo estratégico dará un gran paso analítico: el de rellenar las cuñas. ¿Qué grupos están más cerca de nosotros y cuáles más lejos pero sin ocupar una posición neutral? ¿Qué grupos están más inclinados a aproximarse a los halcones pero no tanto como otros? Habrá desavenencias sobre dónde tendrían que estar situados algunos grupos y puede ser que se decida que categorías como "la corriente mayoritaria de protestantes" o "los medios de comunicación de masas" se conviertan en un par de cuñas, de las que quepa hacer sucesivas particiones.
Suposición estratégica clave
Llegados a este punto es el momento de vérselas con un principio más general en la empresa de hacer realidad el cambio social: para vencer, ¡normalmente basta con desplazar cada cuña de la tarta una casilla en nuestra dirección!
Tratemos de imaginar cómo desplazar a los aliados más próximos un paso más hacia nuestro terreno y la siguiente cuña en la posición que los anteriores han dejado vacante, así como conseguir que los indecisos se desplacen hacia una casilla que simpatice con nuestra causa, y que los grupos al otro lado de los indecisos devengan neutrales, y desafilar los colmillos al grupo inmediatamente junto a ellos (moviéndolos solamente una casilla) -ya se me entiende-. Sea como sea no hay ninguna necesidad de ganar para nuestra causa al oponente, el grupo en el otro extremo del espectro. Calma. Bush, Cheney y Rumsfeld pueden perfectamente querer guerra para siempre. Aún así podemos detener la guerra si desplazamos las cuñas un paso en nuestra dirección.
Existen muchos ejemplos de ello en la historia reciente de los Estados Unidos. El movimiento de derechos civiles salió victorioso campaña tras campaña sin convertir a sus archienemigos a la causa de la igualdad racial. Los Estados Unidos retiraron sus tropas de Vietnam pese a que nuestros señores de la guerra, que detentaban el poder, todavía querían someter al país a un bombardeo tal que les devolviera a la edad de piedra. Los activistas de la causa gay-lesbiana triunfan una y otra vez pese a que desde los púlpitos continúan reverberando con estruendo sermones homófobo.
Esta es la razón por la cual es tanto incorrecto como un gasto inútil de energía para el activismo, centrar tanto su atención en sus oponentes. Cuando escucho a los activistas hablar así a veces me imagino un equivalente radical de la revista People -¡la fascinación por los famosos y las opiniones de gente por la que no vale la pena obsesionarse!-.
Lo que cuenta -para vencer- son la cuñas entre "nosotros" y "ellos" -especialmente desde los indecisos en adelante y la cuña justo a la derecha de los mismos-. Basta con desplazar cada una de esas cuñas una muesca, solamente una, para que detengamos la guerra.
Los oponentes saben esto mismo, y por lo tanto no acostumbran a perder su tiempo obsesionándose con nosotros (a excepción de Richard Nixon, que fue realmente un personaje obsesivo). El objetivo de los oponentes es el de aislarnos y por ello centran más su atención en las cuñas de en medio, no en nosotros. La Asociación Nacional del Rifle no va a perder su tiempo presionando a los quákeros. La ANR está mucho más interesada en las cuñas de en medio.
Creación de una estrategia propia
Ahora que el grupo tiene más claro quiénes son los que se encuentran en el espectro de los aliados, se puede crear una estrategia. Para hacer tal cosa, pregúntese: -¿en qué cuñas se tiene algún acceso o se goza de credibilidad?; -¿qué cuñas ya reciben bastante atención por los activistas y cuáles son desatendidas?
¿A qué cuñas nos sentimos, personalmente, más llamados a aproximarnos?
A partir de aquí cabe alcanzar un consenso provisional acerca de la primera cuña que nos gustaría abordar. Después, cabe utilizar la técnica de la tormenta de ideas para decidir las tácticas que con más probabilidad llegarán con éxito al grupo o grupos en dicha cuña. Hay que ser creativo. Existen centenares de tácticas ya disponibles, pero es perfectamente lícito diseñar otras nuevas. A medida que uno empieza a estar listo para intentar poner en práctica una u otra táctica hay que abrir también líneas de comunicación "dentro" de la cuña para recopilar información valiosa sobre cómo están funcionando las tácticas cuando se ponen en práctica. De este modo se puede seguir ajustando lo que finalmente se haga para que sea más efectivo.
Finalmente, ¿cómo cobra sentido y forma todo esto?
Basta con imaginar que grupos de distintos tamaños en vuestra ciudad, estado o nación "enrolan" a otros sectores de la población que necesitan enfrentarse a la realidad de la guerra y lo que significa. Escuchad el zumbido que ello produce y estaréis escuchando el tipo de zumbido que derribó al dictador yugoslavo Slobodan Milosevic cuando miles de jóvenes en Optor consiguieron movilizar a la gente, lo que llevó a cada cuña un paso más cerca, hasta que el dictador fue aislado.
Disfrutad del sentimiento de realización personal que se desprende del hecho de ponerse uno fuera de la zona conformista de los mensajes inútiles dirigidos a Washington e implicaos a fondo en la sociedad civil, que es lo mejor de este país.
Todo ello lleva a la victoria, no solamente a través de las decenas de millares de grupos actuando a iniciativa propia, dando rienda suelta a su propia creatividad, sino porque el uso de esta regla estratégica promueve la sinergia entre los grupos: el todo deviene mayor que la suma de las partes. ¿Se hará realidad una coordinación de todo el movimiento? ¿Sobresaldrá algún líder carismático que contribuya a la causa con sentimiento y elocuencia? ¿Emergerán iniciativas organizativas nacionales, bien dotadas económicamente, para añadir perspectiva al conjunto? Quizá, y en mi controvertida opinión, las tres cosas serían estupendas.
Mientras tanto, ¡plasmemos el diagrama de la tarta en una hoja de papel y pongámonos a trabajar!

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