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Más allá de la educación: Por qué nuestra aproximación a la enseñanza hace la diferencia en el cambio social

Trad. Elsa Sánchez

Sugerimos también que leas una explicación corta de la educación directa

“Necesitamos educar a las personas”, es una de las frases más comunes entre los activistas del cambio social. Pero, ¿qué significa esto en realidad? El aumento de la educación popular y las contribuciones de los movimientos contra la opresión nos brindan un mejor conocimiento sobre cómo lograr una educación más significativa. Entre más profundamente aprendamos las siguientes lecciones, más efectivas nos resultarán.

[Extracto tomado del manual contra el reclutamiento militar Before You Enlist And After You Say No, coescrito por Daniel Hunter y Hannah Strange (Ruckus Society)]


Paso uno: Romper con la creencia de que la mera memorización de datos es suficiente

Pensemos en el movimiento contra el reclutamiento militar. En él, queremos ayudar a las personas a comprender de mejor manera el impacto del ejército en sus comunidades y el resto del mundo. Queremos auxiliar a las personas en el aprendizaje de vías internas y externas con las que pueden resistirse al complejo militar-industrial. Buscamos que la gente pueda visualizar el rango completo de sus opciones de vida y romper con el mito que les indica que unirse al ejército es su única opción.

Lograr esto requiere algo más que memorizar información. Requiere la adquisición de nuevas habilidades y nuevas formas de ver el mundo.

Desafortunadamente, la mayoría de nosotros hemos sido formados por un modelo educativo que no promueve este cambio de paradigma. La educación tradicional se centra en el maestro; éste sabe la información y la da a sus estudiantes. Los estudiantes escuchan sobre lo que es correcto o lo que es incorrecto y su habilidad para memorizar esta información es puesta a prueba.

Dicho modelo no pide a sus estudiantes que reflexionen sobre sus propias experiencias de vida. No se les pide integrar lo que aprenden a sus propias vidas ni a sus perspectivas personales. En otras palabras, no son participantes activos de su propia liberación.
Cuando se trata de “educar” a las personas, es muy fácil repetir el modelo centrado en la información o el modelo centrado en el maestro. Afortunadamente, nosotros podemos elegir llevar a cabo nuestro activismo y enseñanza con un modelo centrado en las personas.

Paso dos: Evitar las dinámicas centradas en la información y seguir las dinámicas centradas en las personas

En este nuevo método, la labor del educador es la de ayudar a las personas a encontrar su sabiduría interior. Todas las personas son brillantes. La información y las lecturas resultan ser útiles en la enseñanza, pero la capacidad de las personas para visualizar la realidad por ellas mismas es aún más importante.

En este modelo, el punto de partida no es la información sino cada individuo. ¿Qué es lo que le preocupa a cada uno? ¿Qué es lo que observa? Después de saber esto, se debe seguir indagando más profundamente (llegar a capas más profundas o “pelar la cebolla”).

La educación deja de decirles a las personas lo que es verdadero y empieza a preguntarles qué es lo que ellas piensan. Esto resulta más efectivo porque la educación que ayuda a las personas a encontrar sus voces internas es aún más poderosa que la educación que promueve la recitación de datos y fórmulas. Este es el camino al empoderamiento y no el seguir dependiendo de “expertos” o de aquellos que “saben cómo hacer las cosas”.



Paso tres: Guiar con preguntas (alias: Pregunten a mi padre cómo me mantuvo fuera de la Guardia Nacional)

Al meditar sobre mi experiencia de vida, recordé dramáticamente el tema del reclutamiento militar. Cuando era más joven, yo pretendía unirme a la Guardia Nacional. Creía en la ayuda humanitaria y había visto a la Guardia Nacional colocando sacos de arena para detener inundaciones en ciudades y normalmente brindándoles la mano a personas con necesidad.

Le mencioné mis planes a mi padre. Él me preguntó por qué quería hacerlo y yo le expliqué. Agregué a mi argumento que yo no quería unirme al ejército porque yo no creía en el asesinato de personas, ni en nada de lo que el ejercito hacía. Por el contrario, veía a la Guardia Nacional como una manera de retribuir a mi comunidad. (Esto fue antes de que la Guardia Nacional se convirtiera en la puerta trasera para el llamado a filas rumbo a Irak).

Mi padre me dijo que mis ideas tenían sentido y me preguntó si había pensado en formas diferentes de ayudar a mi comunidad. Le mencioné unas cuantas. Conociendo la fuerza de mi iniciativa y la manera en que siempre quería salirme con la mía, me preguntó: ¿Qué harías si la Guardia Nacional te pidiera hacer algo con lo que estás moralmente en desacuerdo? Después me mencionó algunos posibles ejemplos.

Yo le dije, “No creo que pudiera hacerlo”.

“Ah, y ¿qué crees que ellos harían?”, me preguntó.

“Me juzgarían en consejo de guerra, ¿cierto?”

“Probablemente”, afirmó mi padre, “no son muy flexibles con las personas en desacuerdo con ellos.” (Él estaba reforzando mi sabiduría y claramente puedo recordarlo agregando una o dos referencias más para apoyar mis propias sospechas).

Ese fue el final de nuestra conversación. No obstante, cambió completamente mi pensamiento sobre la Guarda Nacional. Me ayudó a encontrar mis propios instintos y a confiar más en ellos. Podría decir que me ayudó a descubrir mi poder.

En cierto nivel, mi padre me apoyó con información pero también me mostró que confiaba en lo que yo pensaba sobre el tema. Él creía en que yo poseía sabiduría en mi interior y que la encontraría dándome el tiempo y la atención suficientes. Y lo logró a través de preguntas. Empleó conmigo un modelo de educación centrado en la persona, es decir, la educación que invita a las personas a pensar en base a la experiencia de sus vidas y confiar en ellas mismas en la toma de decisiones sabias. En última instancia, son ellas quienes enfrentarán las consecuencias de sus decisiones.



Repercusiones de esta forma de ver la educación.

Este acercamiento a la educación no es neutral en sus valores. Al contrario, se basa en la empatía, el respeto por la sabiduría de cada persona y su capacidad de encontrar el camino hacia un estilo de vida a favor de la justicia. Asimismo, no busca la imposición de expertos quienes dirán a la gente qué es lo que debe hacer con su vida.

En el movimiento contra el reclutamiento militar, los jóvenes toman sus propias decisiones. Nosotros podemos escucharlos, hacer preguntas inductivas y ocasionalmente proveer información basada en nuestras relaciones con ellos, pero lo fundamental no es esperar que tomen una decisión correcta sino respetarlos como personas.

El viejo paradigma de la enseñanza se centra en datos. Este otro, en cambio, se enfoca sobre el estudiante: su corazón, su intelecto, su confianza y su habilidad para actuar. De esto se trata el trabajo de los que estamos a favor del empoderamiento.



¿Educación para la acción? Una dimensión de clase

El enfoque educativo centrado en las personas es proactivo porque, en lugar de empezar desde afuera, el proceso de aprendizaje comienza en el interior. Aquí, el aspecto de clase interviene y da soporte en la modificación de la perspectiva que presenta la información externa como el mejor impulso para la acción (en contraposición al proceso interno de la persona).

Muchos activistas de clase media comienzan su activismo al aprender sobre la injusticia, en muchas ocasiones sin ser ellos los directamente afectados. Pensemos en los movimientos dominados por activistas de clase media como el movimiento por la paz o el movimiento contra la globalización; su enfoque recae en la vida de otros. Muchos activistas de clase media se mantienen motivados al investigar acerca de una problemática, al explorar a fondo la injusticia estructural o al educarse más profundamente sobre alguna injusticia en específico.

Lo anterior contrasta completamente con muchos activistas de la clase trabajadora. Las personas de la clase trabajadora usualmente luchan por lograr una diferencia en sus propias vidas. Ellas actúan sobre su propia experiencia de opresión; el estudiar los detalles de cómo son maltratadas no las inspira a actuar. Los activistas de la clase trabajadora buscan cómo logar el cambio; el observar su poder y las formas en que pueden lograrlo les impulsa a avanzar.

Cynthia Peters escribe sobre esta dinámica y cita a dos trabajadores progresistas: Linda Stout (autora de Bridging the Class Divide) y David Croteau (autor de Politics and the Class Divide). Tal vez esperando repetir en otros su experiencia en el descubrimiento de la injusticia, los activistas de clase media se enfocan demasiado en la educación. Linda Stout agrega a esto que “Muchos grupos ofrecen programas educacionales sin asignar ninguna acción, creyendo que el conocimiento sobre algún problema en particular es suficiente para hacer que las personas trabajen por el cambio. Sin embargo, yo creo que si los participantes terminan un programa sin saber qué hacer con el conocimiento recién adquirido, frecuentemente se sienten con menos poder” (p.138).

Por otra parte, David Croteau argumenta que el establecer foros educativos que revelen a las personas la terrible injusticia que ocurre en el mundo, equivale a desear que las personas estudien los detalles de los hechos terribles de la vida como si fueran irremediables y sobre los que no tienen poder de cambio, como el clima. “Muchas veces no me agrada el clima”, menciona uno de los trabajadores entrevistados por Croteau, “pero no me quiebro la cabeza tratando de encontrar una manera de cambiarlo… si llueve… me refugio. No trato de detener la lluvia.”

Saul Alinsky , por su parte, resume esta situación de la siguiente manera: “Si la gente siente que no tiene el poder para cambiar una situación negativa, entonces no piensa en ello”. La sugerencia es clara: llevar la educación de su enfoque sobre una problemática hacia la ayuda en el mejoramiento de la confianza de las personas, incrementando con esto su motivación para actuar.



Conclusión

El presente análisis educativo y de dimensión de clases puede ayudarnos a revelar la manera en la que nosotros pensamos sobre la educación. Más que bombardear con datos y fórmulas, nuestra tarea es estimular a las personas a pensar más profundamente por ellas mismas. Esto significa hacer preguntas que no tienen una respuesta correcta o incorrecta. Es decir, invitar a las personas a visualizar la diferencia que pueden logar ellas mismas. ¿Cuáles son sus opiniones? ¿En dónde se encuentran sus opciones?
Al final, esto significa más liberación para todos.


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Escrito por Daniel Hunter, Training for Change (www.TrainingForChange.org).
Para más información sobre la educación centrada en las personas revise el taller Preparando Capacitadores para la Acción Social (Training for Social Action Trainers) y otros talleres que ofrece Talleristas por la Justicia/Training for Change.



Notas
  • Bridging the Class Divide (Beacon Press 1996) y Politics and the Class Divide: Working People and the Middle Class Left (Temple University Press 1995) son dos libros altamente recomendados sobre el tema de clase. Un Nuevo libro sobre las clases económicas especialemnte para activistas de clase media es Class Matters: Cross-Class Alliance Building for Middle-Class Activists, escrito por Betsy Leondar-Wright (New Society Publishers05). Training for Change también ofrece talleres al público en general o talleres para activistas basados en clase económica. http://www.trainingforchange.org.
  • Cynthia Peters, "The Class Divide," ZMagazine http://www.zmag.org/Sustainers/Content/2003-10/25peters.cfm (Octubre 25, 1999).
  • Saul Alinsky, Rules for Radicals (Random House 1972), pág.105.


 


 

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