"Pacifism as pathology: Reflections on the Role of Armed Struggle in North America" [El pacifismo como patologÌa: reflexiones sobre el papel de la lucha armada en NorteamÈrica] Ward Churchill, Arbeiter Ring 1998, Winnipeg, Canada, 176 p·g.
El libro de Ward Churchill, "El pacifismo como patologÌa" se ha convertido en un importante punto de referencia para muchos de los "nuevos activistas" que han llenado las portadas de "la batalla de Seattle", de Washington DC, de Filadelfia, Los ¡ngeles, Praga y otros enfrentamientos con la injusticia social y econÛmica. Ward Churchill es un activista del Movimiento Indio Americano y otros grupos, un prolÌfico escritor y es profesor de estudios Ètnicos en la Universidad de Colorado.
Al relacionarme con los nuevos activistas decidÌ escribir una respuesta al libro de Churchill, espoleado por la posibilidad de participar en un debate p?blico con Èl en Boulder, Colorado en febrero de 2001. Tuvimos un intercambio estimulante y vibrante; la gente de la audiencia resaltÛ el interÈs de ver a dos activistas mayores, con diferencias importantes, discutir como aliados en busca de la apariciÛn de un terreno com?n.
Ward y yo buscamos ambos fuentes de poder que sean suficientemente fuertes como para cortar las cadenas de la injusticia y la opresiÛn, a la vez que ayuden a sanar a esta magullada Tierra y su gente explotada. Martin Luther King creÌa que la no-violencia era "la espada que cura" asÌ que el tÌtulo para este ensayo lo he tomado de los escritos de King. EmpezarÈ con algunos puntos en que estamos de acuerdo Ward y yo, y luego seguirÈ con la crÌtica de algunas de las ideas que sostiene Ward.
Tabla de contenidos
Estamos de acuerdo en que el mundo padece injusticia generalizada, explotaciÛn y va por un camino sin soluciÛn en relaciÛn a las necesidades del planeta. Hemos experimentado personalmente la opresiÛn de crecer en la clase trabajadora; Èl al ser indÌgena y yo al ser gay, a?n hemos sentido en mayor medida la dureza y el dolor de la opresiÛn. No nos hacemos ilusiones sobre el capitalismo, sobre las estructuras jer·rquicas autoritarias o sobre el criminal imperio estadounidense.
Cuando examinamos los resultados de los movimientos sociales de la ?ltima mitad de siglo, estoy de acuerdo con la decepciÛn de Ward respecto a que los movimientos considerados un Èxito por los defensores de la no-violencia no hayan conseguido m·s cosas. El racismo sigue bien vigente en los EE.UU. a pesar de los logros concretos del movimiento por los derechos civiles en cuanto a discriminaciÛn en la vivienda, derechos de voto y acciÛn afirmativa. La industria nuclear a?n construye sus plantas mortÌferas en el extranjero y sigue envenenando a la gente aquÌ, por medio de los residuos nucleares, a pesar del Èxito del movimiento antinuclear en detener la construcciÛn de nuevas plantas. El imperio estadounidense contin?a las intervenciones militares alrededor del mundo, que lo convierten en el asesino n?mero uno del mundo, a pesar del Èxito del movimiento contra la guerra del Vietnam en crear un "sÌndrome de Vietnam" que pone ciertas restricciones a los gobernantes.[1]
Aunque comparto la decepciÛn de Ward acerca de que esos movimientos, y otros, no consiguieran m·s, quiz· difiero con Èl al celebrar los Èxitos que sÌ tuvimos. Creo que, como activistas, ganamos m·s con una combinaciÛn de auto-crÌtica Y auto-afirmaciÛn que sÛlo con re-examinarnos.
Estoy de acuerdo con que los pacifistas a veces son moralistas y vanidosos, incapaces de abrirse a un debate pragm·tico genuino sobre los posibles cursos de acciÛn, para, en vez de eso, usar una ideologÌa moral para esconderse de considerar abiertamente otras alternativas.
Ward resalta que los activistas no-violentos tienen una tradiciÛn de correr riesgos reales e incluso sacrificar sus vidas por el cambio social. A la vez, ha habido muchas protestas no-violentas que se han conformado con una presencia educada y arrestos rituales, minimizando el riesgo y minimizando el impacto. Estoy de acuerdo con esta crÌtica.
TambiÈn estoy de acuerdo con que excluir dogm·ticamente la lucha armada de toda consideraciÛn, en vez de pesar los pros y contras de mezclar t·cticas violentas y no-violentas, no contribuye a la creaciÛn de una estrategia. En el debate de Boulder puse el Ènfasis en que la estrategia y visiÛn de futuro a largo plazo es lo que el movimiento necesita por encima de todo.
Estoy de acuerdo con Ward en que una gran forma de pensar sobre la lucha es pragm·ticamente: øcu·les son los medios que tienen la mayor posibilidad de reducir el sufrimiento, aumentar la justicia y crear una sociedad nueva?
Por lo tanto este ensayo se centra especialmente en el pragmatismo. ResponderÈ a los retos de Ward en tÈrminos de realidades concretas y pr·cticas. LucharÈ contra algunas de sus hipÛtesis en tÈrminos pragm·ticos. DiscutirÈ su lectura de la historia en algunos puntos en tÈrminos de cu·les eran las realidades del poder. Y describirÈ algunos movimientos que aprendieron, a partir de su propia experiencia pragm·tica, que podÌan haber luchado con mayor Èxito a travÈs de la acciÛn directa no-violenta que de la violencia.
Ward escribe que su objetivo es desmitificar el pacifismo y desafiar su moralismo. AÒade que no intenta articular una estrategia de lucha armada para los EE.UU: esa es una tarea aparte.
La "revoluciÛn violenta" y la "revoluciÛn no-violenta" se encuentran en la misma situaciÛn en este caso: ninguna tiene una estrategia preparada para los EE.UU. Hay una enorme necesidad de pensamiento estratÈgico tanto por parte de los defensores de la lucha armada como por parte de los defensores de la lucha no-violenta.
La ?ltima vez que un gran n?mero de activistas hablaron seriamente sobre "revoluciÛn" en los EE.UU. (a finales de los 60), el activista y escritor socialista Martin Oppenheimer se encontrÛ en discusiones p?blicas con lÌderes activistas que defendÌan la violencia pero que no podÌan presentar una estrategia. Para ayudarles, a ellos y a sÌ mismo, escribiÛ "La guerrilla urbana" [2], en que desarrollÛ dos estrategias diferentes usando la lucha armada y las examinÛ en el libro en tÈrminos de posibles consecuencias. De forma pragm·tica, en ambos casos las estrategias de lucha armada conducÌan a un desastre para la democracia y la justicia.
Para los activistas que hacen algo m·s que hablar, que realmente quieren cambios, la necesidad de crear una estrategia persuasiva para la revoluciÛn, usando lucha armada, es tan grande como siempre. Esa estrategia a?n no existe.
La forma en que nos ponemos a desarrollar estrategias est· influida por nuestras hipÛtesis sobre cÛmo funciona el mundo, asÌ que comparar esas hipÛtesis ser· ?til. Pero, por mucha discusiÛn que haya sobre esas hipÛtesis, eso no elimina el trabajo duro de crear una estrategia. Dado que muchos de los nuevos activistas est·n en las universidades, y bastantes tienen medios econÛmicos y pueden emplear el tiempo necesario para hacer esta pesada tarea, espero que aceptar·n el reto!
En su libro Ward afirma que el pacifismo es la ideologÌa de la acciÛn polÌtica no-violenta, y que es axiom·tico entre los progresistas convencionales de NorteamÈrica. Si quiere decir que la no-violencia est· integrada en la forma en que la mayorÌa de progresistas diseÒan sus campaÒas por el cambio, no estoy de acuerdo.
Hace unos aÒos me llamaron a Washington DC para ayudar a una gran coaliciÛn progresista que habÌa estado trabajando en pro de una legislaciÛn que ayudarÌa a gente pobre y trabajadora. Su campaÒa estaba fracasando y querÌan que les ayudara a diseÒar una serie de protestas no-violentas. Mi primera pregunta al grupo de lÌderes nacionales fue "øDÛnde est· la energÌa para la rebeldÌa en vuestra coaliciÛn?". Silencio. Finalmente, empezaron a contar la historia de varios grupos militantes que habÌan dejado la coaliciÛn desilusionados. Es decir, no quedaba ninguna energÌa para la rebeldÌa. "En ese caso", les dije, "esta ser· una reuniÛn corta". No podÈis lanzar una acciÛn directa no-violenta potente sin energÌa para la rebeldÌa. HabÈis llevado esta campaÒa como una operaciÛn convencional de presiÛn y no podÈis, en el ?ltimo momento, dar marcha atr·s y convertiros en un movimiento de protesta no-violento!"
Este es sÛlo uno de muchos ejemplos. El compromiso generalizado de la mayorÌa de lÌderes progresistas en NorteamÈrica es hacia mÈtodos convencionales como campaÒas electorales, grupos de presiÛn, denuncias, cartas, peticiones, relaciones p?blicas y cosas parecidas, en vez de acciÛn no-violenta. Esto siempre ha sido asÌ. Cuando surgiÛ Martin Luther King como lÌder por los derechos civiles, los grupos establecidos esperaban que Èl y sus t·cticas no-violentas desaparecerÌan: tenÌan puesta su confianza en las denuncias y los grupos de presiÛn. Incluso el movimiento obrero, nacido en la militancia en el siglo XIX, prefiere hoy apoyar a candidatos electorales a las huelgas.
Es comprensible que Ward y yo no estemos de acuerdo en esto, porque aunque usamos palabras similares estamos observando en realidad cosas diferentes. En su libro Ward utiliza "pacifismo", "no-violencia" y "revoluciÛn no-violenta" de forma equivalente, aunque resultan ser muy diferentes en la pr·ctica.
La no-violencia o, como yo prefiero llamarla, la acciÛn no-violenta, se usa mayoritariamente a nivel de base, cuando la gente necesita "el calor de la calle" para conseguir un objetivo. Manifestaciones, sentadas, ocupaciones, huelgas, boicots: hay muchos mÈtodos de acciÛn no-violenta sobre los que podemos leer cada dÌa en los periÛdicos, y la gente los usa porque a menudo funcionan mejor que mÈtodos m·s convencionales como las cartas o visitar al alcalde. Las organizaciones nacionales, profesionales de la oposiciÛn, no incluyen la acciÛn directa no-violenta en su pensamiento, como he dicho, pero los activistas de base recurren mucho a ella precisamente porque funciona, para salvar ·rboles o para conseguir viviendas para gente sin hogar o para forzar un cambio en la polÌtica contra el SIDA o para forzar a las empresas textiles a dejar de utilizar maquiladoras.
En los EE.UU., la acciÛn no-violenta la utiliza sobre todo la gente pobre y trabajadora, m·s la gente de color que los blancos, y m·s la gente joven que los mayores. Aunque la mayor parte de acciÛn no-violenta en los EE.UU. la efect?an organizaciones comunitarias de clase trabajadora, tambiÈn la han utilizado profusamente los sindicatos, gays y lesbianas, gente con discapacidades, ecologistas, estudiantes y otros.
El "pacifismo", por otra parte, es una ideologÌa, un sistema de creencias que mantiene que es inmoral herir o matar a gente para conseguir tus objetivos. Los pacifistas creen que un buen fin no justifica matar. Adem·s, su comprensiÛn de las causas y efectos es que los buenos fines surgen de los buenos medios, como sale un buen pastel de buenos ingredientes. Creen que tanto la moralidad como el sentido com?n exigen que "vivamos el cambio que queremos ver". Probablemente los pacifistas m·s conocidos para la gente de los EE.UU. sean Martin Luther King Jr, CÈsar Chavez, que fundÛ la United Farmworkers [Trabajadores agrÌcolas Unidos] y Mohandas K. Gandhi.
Una inmensa mayorÌa de los que participan en acciones no-violentas en los EE.UU. no son pacifistas. El Dr.King sabÌa muy bien que la mayorÌa de afro-americanos que arriesgaban sus vidas en su campaÒa no creÌan en el pacifismo; usaban la acciÛn no-violenta seg?n la situaciÛn. Y hay muchos pacifistas que raramente, por no decir nunca, participan en la acciÛn no-violenta, que raramente salen a las calles o hacen huelga o hacen desobediencia civil. AsÌ que mezclar "pacifismo" y "no-violencia", como hace Ward, confunde m·s que aclara.
Mezclar "acciÛn no-violenta" y "pacifismo" con "revoluciÛn no-violenta" a?n confunde m·s las cosas. El "Manifiesto por una revoluciÛn no-violenta" [3], la declaraciÛn m·s ampliamente aceptada de esta posiciÛn, es mucho m·s radical de lo que la mayorÌa de los que hacen acciÛn no-violenta o la mayorÌa de pacifistas est· dispuesta a aceptar. El "Manifiesto" pide el fin del capitalismo empresarial, del sistema de naciones-Estado y de la destrucciÛn del medio ambiente. Denuncia el patriarcado, el racismo y otros sistemas de opresiÛn social. Proyecta una visiÛn de un orden social completamente diferente en que florezca la libertad, los proyectos econÛmicos sean democr·ticos y la vida viva en paz con el planeta. Mucho m·s radicales que los marxistas-leninistas, el "Manifiesto" intenta aprender de los errores de la Izquierda para apuntar enfoques nuevos y creativos para el futuro.
El caso m·s extremo (y doloroso) de confusiÛn de tÈrminos es en la descripciÛn de Ward de la experiencia judÌa del Holocausto. Primero, exagera la pasividad de los judÌos durante el Holocausto. Es realmente importante que honremos a los judÌos valerosos que lucharon contra el genocidio [4]. Segundo, dice que los judÌos que cayeron en el silencio por la intimidaciÛn, o que negaban lo que estaba pasando, estaban haciendo acciÛn no-violenta! "La historia nos presenta pocos modelos comparables con los que evaluar la efectividad de la oposiciÛn no-violenta a las polÌticas del Estado, al menos en cuanto a la escala y rapidez con que las consecuencias cayeron sobre los pasivos".[5]
Todos aquellos de nosotros que hemos participado en acciones directas no-violentas conocemos perfectamente la diferencia entre acciÛn y pasividad. Participa en cualquier discusiÛn entre trabajadores sobre ir a la huelga o no y ver·s la diferencia entre los activos y los pasivos. Participa en cualquier discusiÛn comunitaria sobre defenderse contra un vertido tÛxico y ver·s la diferencia entre los activos y los pasivos.
En los aÒos 30 Gandhi estaba preocupado sobre las tendencias de la Alemania nazi y escribiÛ a un prominente rabino de BerlÌn urgiÈndole a organizar la resistencia y movilizar a tantos judÌos y aliados como fuera posible contra esa amenaza. Siempre que Gandhi veÌa pasividad en una situaciÛn injusta, urgÌa a que la resistencia activa no-violenta sustituyera a la pasividad. De hecho, Gandhi era tan opuesto a la pasividad que aconsejaba que, si vemos una injusticia y las ?nicas opciones que conocemos son la pasividad y la violencia, deberÌamos tomar el camino de la violencia! Por supuesto Gandhi pensaba que en la vida real siempre hay m·s opciones que esas dos, y que podemos tomar acciones no-violentas que sean efectivas.
Ward arguye que los Èxitos de la no-violencia en la lucha de la India contra Gran BretaÒa y del movimiento por los derechos civiles en los EE.UU. dependieron en realidad de la violencia. Cree que Gran BretaÒa estaba militarmente exhausta despuÈs de la Segunda Guerra Mundial y no podÌa mantener su dominio sobre la India por las armas, asÌ que se rindiÛ. La guerra hizo que la independencia fuera posible. El problema con este argumento es que Gran BretaÒa mantuvo otras colonias hasta mucho despuÈs de 1948, aÒo de la independencia hind?. Un ejemplo dram·tico es la brutal represiÛn de la rebeliÛn Mao Mao en Kenya en los aÒos 50 mediante el bombardeo de poblados. Gran BretaÒa retuvo la capacidad para una respuesta militar importante ante una lucha armada por la independencia, pero no pudo continuar la dominaciÛn contra una lucha no-violenta por la independencia. No es la guerra la que hizo posible la independencia de la India; fue la propia no-cooperaciÛn de la gente de la India la que hizo posible su independencia.
En el caso de la lucha por los derechos civiles en los EE.UU., a?n a riesgo de simplificar en exceso, plantearÌa la curva de efectividad en conseguir objetivos tangibles, concretos, asÌ: de 1955 a 1965 la curva crece y crece. Algunos de los objetivos eran: integraciÛn en los autobuses (Montgomery, "viajes por la libertad"); integraciÛn en comedores y otros lugares p?blicos (sentadas, acampadas, etc, la campaÒa de Birmingham y el Decreto de Derechos Civiles de 1964); conseguir el voto para los negros en el Sur profundo (El Verano de Mississipi, la Marcha de Selma, el Decreto de Derechos de Voto de 1965).
La curva empieza a descender a partir de 1965 en tÈrminos de grandes objetivos conseguidos por el movimiento, aunque durante los aÒos posteriores se implementaran muchas de las cosas ganadas anteriormente, como conseguir que hubiera cargos electos de raza negra incluso en el Sur profundo. Curiosamente, a partir de 1965 hubo disturbios en ciudades del norte como Newark, Philadelphia, Detroit y Watts, asÌ como el auge de los Deacons of Defense y del Partido de las Panteras Negras. Hacia 1968 incluso una legislaciÛn tan inofensiva como un decreto para el control de las ratas en los ghettos de las ciudades era ridiculizada en el Congreso. El movimiento de masas por los derechos civiles perdiÛ mucha de su fuerza precisamente en el momento en que perdiÛ el consenso sobre la lucha no-violenta como la base de la acciÛn masiva.
No, si juzgamos por el comportamiento de las dictaduras militares que han sido depuestas por la acciÛn no-violenta. El dictador serbio Slobodan Milosevic tenÌa un poder militar abrumador en el 2000 y fue depuesto por un movimiento no-violento. Lo mismo con el dictador filipino Marcos en 1986. Igual con las dictaduras de Alemania del Este, HungrÌa, Checoslovaquia y Polonia en 1989. El Sha de Ir·n tenÌa uno de los diez ejÈrcitos m·s poderosos del mundo, y una policÌa secreta cuya brutalidad no era inferior a ninguna. Fue depuesto entre 1977 y 1979, de forma no-violenta. [6] Y podrÌa seguir.
Lo que hace que el argumento de Ward en este libro sea tan descorazonador para los activistas es que minimiza el poder de la gente, que es el mayor poder al que tenemos acceso! Los activistas de base no podemos competir con el dinero del gobierno ni con la violencia del gobierno. A lo que tenemos un acceso potencial es al poder de la gente, y minimizar el poder de la gente es una invitaciÛn a la desesperanza.
La hipÛtesis subyacente del libro de Ward es que la violencia es la fuerza polÌtica m·s poderosa del mundo. Esta es una visiÛn convencional, compartida por la mayorÌa de derechistas, izquierdistas y centristas; es tan popular como lo era el viejo consenso sobre que la Tierra era plana. Y es igual de incorrecta.
Los activistas descubrimos a menudo la debilidad de la violencia a travÈs de nuestra propia experiencia. Recuerdo una conversaciÛn que un lÌder sindical durante un seminario con el Sindicato Unido de Trabajadores Mineros: "Tengo que decirte que preferÌa los viejos tiempos, cuando una huelga querÌa decir que podÌamos romper cosas, pegar a los esquiroles, disparar a los camiones de la empresa...ya sabes, tenÌamos muchas armas y sabÌamos cÛmo usarlas. Pero ", suspirÛ, "eso ya no funciona. Adelante, ensÈÒanos la lucha no-violenta!"
Yo llamarÌa a eso "acciÛn no-violenta como ?ltimo recurso".
Un caso cl·sico ocurriÛ en El Salvador en 1944, cuando una rebeliÛn armada fracasÛ en su intento de derrocar al dictador Hern·ndez Martinez. El gobierno era suficientemente fuerte como para vencer en una lucha armada. AsÌ que los estudiantes iniciaron una insurrecciÛn no-violenta, poniendo un gran Ènfasis en la parte de la no-violencia debido a la derrota utilizando la violencia. Echaron a Martinez de forma no-violenta, el "poder de la gente" triunfÛ ahÌ donde la violencia habÌa fracasado. Los estudiantes de la vecina Guatemala quedaron tan impresionados que iniciaron una insurrecciÛn no-violenta contra el "dictador de hierro del Caribe", Jorge Ubico, y Ubico fue derrocado tambiÈn. [7]
Varios movimientos de liberaciÛn del Tercer Mundo que usaban la lucha armada han dejado ahora esos mÈtodos y han pasado a usar otros. Los Zapatistas de Chiapas son quiz· el ejemplo m·s conocido de ese fenÛmeno. A principios de los 80, el Congreso Nacional Africano se dio cuenta que la estrategia de la lucha armada estaba fracasando; era absolutamente insuficiente para derrotar al apartheid. No podÌa involucrar a las masas de gente en las ciudades que estaba deseando luchar por la libertad. AsÌ que, sin abandonar formalmente la lucha de guerrillas, se volcaron en la lucha no-violenta: boicots, huelgas, manifestaciones de todo tipo. El resultado fue el fin del apartheid a pesar de un Estado muy bien armado y una fuerza policial terrorista. [8]
Cuando los movimientos son suficientemente pragm·ticos como para aprender de su propia experiencia, a menudo abandonan la violencia, incluso la destrucciÛn de propiedades. El movimiento sindical polaco "Solidaridad", por ejemplo, era b·sicamente un movimiento juvenil por la libertad contra la dictadura militar del Partido Comunista. En sus campaÒas iniciales de acciÛn directa habÌan mezclado cierta destrucciÛn de propiedades con sus huelgas y ocupaciones. Al evaluarlo, se dieron cuenta que la destrucciÛn de propiedades sÛlo daba a la dictadura justificaciÛn para atacarles con fuerza y reducÌa el n?mero de aliados que podÌan obtener. AsÌ que decidieron dejar eso de lado, ampliaron su movimiento y continuaron hasta ganar. Claro que el estado militarizado querÌa aplastarles, pero no pudo porque el poder de la gente es simplemente m·s fuerte que el poder militar.
Dado que este hecho entra en conflicto con la visiÛn convencional, yo estaba un poco asombrado de que pudiera ser asÌ. Bernard Lafayette, un miembro del ComitÈ Coordinador de Estudiantes No-Violentos, del Sur profundo, me lo explicÛ con una met·fora. Bernard contaba que la sociedad es como una casa. Los cimientos son la cooperaciÛn u obediencia de la gente. El tejado es el Estado y su aparato represivo. Me preguntÛ quÈ le pasaba a la casa si los cimientos se venÌan abajo. Me preguntÛ a continuaciÛn, "øCÛmo cambiar· eso si se ponen m·s armas en el tejado, tanques mayores, tecnologÌa m·s sofisticada? øQuÈ le ocurre a la casa, si los cimientos se vienen abajo?"
Tuve que admitirlo: si los cimientos se vienen abajo, el tejado se caer·, no importa cu·nto dinero se haya invertido en armas.
Una forma de comprobarlo es examinar el caso de la caÌda del Sha de Ir·n. No sÛlo tenÌa uno de los mayores ejÈrcitos del mundo y una policÌa secreta totalmente despiadada, sino tambiÈn el apoyo de los EE.UU. La oposiciÛn decidiÛ usar una estrategia completamente no-violenta y funcionÛ. øCÛmo pudo ser eso? Nada en el libro de Ward explica cÛmo pudo ser posible. No podÌa ocurrir, seg?n Ward, porque los estados militarmente poderosos aplastan a los movimientos no-violentos.
Los cimientos de la casa del Sha eran la obediencia de la gente. Cuando los cimientos cedieron, la casa se derrumbÛ.
Nada es m·s importante para los activistas de hoy que saber esto: la fundaciÛn del dominio polÌtico es la aceptaciÛn de la gente, no la violencia. El poder de la gente es m·s poderoso que la violencia. Cuanto antes actuemos sabiendo esto, antes podr· caer el imperio de los EE.UU.
Parece cosa de sentido com?n que utilices la auto-defensa armada junto a las t·cticas de acciÛn no-violenta y el activismo comunitario cuando el Estado intenta pillarte. Aunque conozco casos en que la auto-defensa violenta individual dio resultado pragm·ticamente hablando, la historia de las organizaciones que han intentado esa polÌtica deberÌa hacernos reflexionar.
El caso m·s conocido en los EE.UU. es el del Partido de las Panteras Negras, que hizo activismo comunitario, programas educativos, programas de desayunos para niÒos pobres y adoptÛ una polÌtica de auto-defensa armada. Las Panteras no estaban desarrollando una lucha armada por el cambio social. Esa elecciÛn les permitiÛ mantenerse cerca de la gente a la que intentaban organizar, en contraste con el experimento de los Weather Underground, de crear una revoluciÛn armada que produjo su aislamiento de la gente y como resultado, una nula influencia polÌtica.
Aunque las Panteras afirmaban su derecho a la auto-defensa, que muchos ciudadanos estadounidenses considerarÌan justamente parte de nuestra tradiciÛn, fueron derrotados. Su intento de conseguir la capacidad para la auto-defensa armada dio al gobierno federal racista la justificaciÛn necesaria para destruir al menos a uno de sus enemigos.
El gobierno hubiera deseado destruir tambiÈn las organizaciones de color no-violentas que luchaban por la libertad, como el director del FBI J.Edgar Hoover intentÛ destruir la influencia del Dr. King, pero el gobierno sÛlo pudo llegar hasta cierto punto en su actuaciÛn contra organizaciones explÌcitamente no-violentas. Esa es la razÛn por la que los gobiernos repetidamente pagan a espÌas para que se infiltren en movimientos no-violentos e intenten convertirlos en violentos. El gobierno a menudo necesita que los movimientos sean violentos para poder reprimirlos de forma eficaz.
En un extraÒo cambio de perspectiva, hay veces en que las fuerzas violentas necesitan ser protegidas mediante la acciÛn no-violenta.
Cuando el Partido de las Panteras Negras quiso tener su convenciÛn nacional en Philadelphia, tenÌan dificultades en conseguir un lugar para realizarla. Los cu·queros les permitieron usar su mayor Sala de ReuniÛn. El jefe de policÌa, Frank Rizzo, vio eso como una oportunidad de amenazar y hacerse el chulo, y nadie podÌa estar seguro de adÛnde llevarÌa la provocaciÛn. AsÌ que los cu·queros rodearon la Sala de ReuniÛn y se mantuvieron unidos para crear un escudo protector entre la policÌa y las Panteras.
Esto se repitiÛ a mayor escala en las Filipinas, durante el derrocamiento del dictador Ferdinand Marcos, en 1986. Hacia el final de la lucha parte del ejÈrcito, dirigida por el General Ramos, se pasÛ al lado del pueblo. Marcos a?n controlaba la mayorÌa del ejÈrcito, al cual ordenÛ atacar el cuartel de Ramos y someter la rebeliÛn. Las radios catÛlicas que trabajaban con el movimiento popular lanzaron la alarma. Miles de filipinos se dirigieron al cuartel, interviniendo entre los leales a Marcos y los rebeldes, e inmovilizaron de forma no-violenta a las tropas leales, salvando asÌ a los soldados rebeldes que estaban en inferioridad numÈrica.
Eso serÌa una gran sorpresa para los cientos de miles de personas de color en los EE.UU., que han utilizado la acciÛn directa no-violenta en sus campaÒas durante m·s de un siglo (en 1876 en Saint Louis habÌa afro-americanos haciendo "viajes por la libertad" contra la discriminaciÛn en autobuses, por mencionar uno de miles de ejemplos). En cualquier momento determinado hay organizaciones comunitarias de gente de color, en todo el paÌs, que participan en acciones no-violentas: marchas, sentadas, bloqueos de calles, boicots, desobediencia civil, etc. Se podrÌan escribir libros sÛlo sobre los sindicatos de gente de color, como los trabajadores de hospital, el personal de hoteles, personal de limpieza, que van a la huelga adem·s de usar otras t·cticas.
Una proporciÛn muchÌsimo m·s alta de gente de color ha participado en acciÛn no-violenta en los EE.UU. que la gente blanca, y contin?an haciÈndolo aÒo tras aÒo. Por no hablar del papel de la no-violencia en la lucha anti-colonial en Africa y Asia. Cuando pensamos en la no-violencia, øpor quÈ nos vienen a la cabeza tan f·cilmente los nombres de Gandhi, King, Aung San Suu Kyi, CÈsar Chavez?. Son sÛlo la punta del iceberg.
Tampoco los medios de comunicaciÛn ni las escuelas nos han servido para saber lo que realmente est· pasando. Hacen que la violencia sea glamurosa. Es tarea nuestra, de los activistas, diseminar la informaciÛn sobre el poder de la gente. øCu·ntos activistas saben que Kwame Nkrumah condujo con Èxito una campaÒa no-violenta por la independencia de Ghana en los 50? øO que Kenneth Kaunda dirigiÛ otra en Zambia en los 60? øO la lucha coronada por el Èxito de los estudiantes nepalÌes en pro de una mayor democracia hace pocos aÒos? øO la prolongada campaÒa no-violenta por la democracia en Taiw·n, que soportÛ torturas, asesinatos y sufrimientos generalizados antes de conseguir el triunfo en los 90? øO el cambio estratÈgico del Congreso Nacional Africano hacia una mayor confianza en la acciÛn no-violenta a principios de los 80 que llevÛ al fin del gobierno del apartheid? øO la heroica lucha de los Mohawks en QuÈbec que salvÛ a su tierra ancestral de convertirse en un club de golf para blancos? [9]
Ya no quiero ni hablar del mito de que la acciÛn no-violenta es inherentemente de clase media, eso a?n est· m·s fuera de lugar que el mito de que es blanca. Una proporciÛn mucho m·s alta de gente trabajadora ha participado en acciÛn no-violenta que de gente de clase media. Puesto que los sindicatos han sido las "fuerzas de choque" de la lucha de clases, leer su historia es leer una buena parte de la historia de la acciÛn no-violenta en los EE.UU.
Ward parece que no da mucho valor a lo que tradicionalmente se ha llamado 'trabajo pre-figurativo': construir alternativas para que se empiece a gestar una nueva sociedad en el interior de la vieja. Es m·s, afirma que los blancos evitan los riesgos construyendo alternativas, permitiendo asÌ que tomen riesgos la gente de color en la calle.
Me parece a mÌ que Ward minimiza la inmensa importancia del trabajo cultural y de las alternativas en las comunidades de color. Desde mucho antes que la NaciÛn del Islam fuera objeto de portadas por sus alternativas, los afroamericanos , por ejemplo, han estado recreando su cultura y recuperando su orgullo. Para algunos lÌderes de color, las alternativas han sido un imperativo pragm·tico y estratÈgico.
Tomemos, por ejemplo, el an·lisis de Gandhi sobre la condiciÛn del pueblo Hind? como resultado de la opresiÛn de la Gran BretaÒa blanca. Vio signos abundantes de opresiÛn asumida: dependencia, opresiÛn de las mujeres, abuso de las drogas, alcoholismo, preferencia por los bienes made in Britain, baja auto-estima. Gandhi odiaba el autoritarismo y no querÌa dedicar su vida a una lucha que acabara en una dictadura de color para sustituir a una dictadura blanca. AsÌ pues, lanzÛ lo que llamÛ el "Programa Constructivo" que pretendÌa dar poder a los hind?es haciÈndolos m·s sanos y construyendo instituciones alternativas. Su programa constructivo era tambiÈn su programa antirracista.
øLe quitÛ eso tiempo para la acciÛn directa? Por supuesto. El Congreso Nacional Hind? sÛlo hacÌa una campaÒa nacional masiva una vez cada diez aÒos o asÌ. Mientras tanto hacÌan muchas acciones directas locales y tambiÈn, lo cual es igualmente importante, hacÌan "trabajo prefigurativo". Su estrategia se enfrentaba al enemigo en muchos frentes, no sÛlo en el frente del combate callejero. AsÌ cuando llegaban a lanzar la lucha general, tenÌan mucha m·s fuerza de la que hubieran tenido con la simple rabia.
CÈsar Ch·vez, d·ndose cuenta que los esfuerzos unidimensionales anteriores para organizar a los trabajadores agrÌcolas en California habÌan fracasado, diseÒÛ una estrategia que incluÌa la construcciÛn de cooperativas e instituciones alternativas como primer paso. Razonaba, correctamente seg?n se vio, que los trabajadores duramente oprimidos necesitaban la capacidad y la confianza que les podÌa dar la construcciÛn de organizaciones antes de estar preparados para la lucha. La lucha no-violenta que dirigiÛ despuÈs fue un Èxito total y permanece como un modelo especialmente para los activistas que trabajan con gente pobre de color.
Gandhi y Ch·vez tienen en com?n con guerrilleros como los luchadores vietnamitas por la libertad o los sandinistas de Nicaragua, lo siguiente: la intenciÛn de construir la nueva sociedad mientras se va desmantelando la vieja. Cuando los activistas en los EE.UU. buscamos una estrategia pragm·tica para la liberaciÛn aquÌ, debemos tomar eso en cuenta muy seriamente.
Como persona blanca, debo decir que los blancos tenemos una necesidad imperiosa de conseguir una forma de ser saludable que deje de lado la arrogancia y el racismo. Como gay tambiÈn he visto las formas en que la homofobia ha herido a mi gente y ha reducido las energÌas disponibles para el cambio social, y eso es cierto entre gente de color igual que entre blancos. Como persona de clase trabajadora desafÌo a los activistas de clase media y alta a trabajar en su propio clasismo, lo cual sin duda alguna crearÌa un movimiento m·s asentado, m·s sostenible y m·s efectivo. [10]
AsÌ que estoy muy en desacuerdo con Ward en este punto. A no ser que queramos simplemente reciclar la opresiÛn cambiando la gente en los mismos roles, las alternativas deben crearse conjuntamente por la gente de color y los blancos.
Algo que preocupa especialmente a Ward Churchill es descartar ciertas t·cticas dogm·ticamente. Opina que, si buscamos un objetivo, como la revoluciÛn, de forma suficientemente sincera, no podemos descartar previamente ninguna forma de conseguirlo. Debemos estar abiertos a cualquier t·ctica, desde firmar peticiones a la desobediencia civil a la lucha callejera a la guerra directamente, lo que sea necesario.
Cuando me pongo el sombrero t·ctico, el consejo de Ward me parece razonable. DespuÈs de todo, si intento construir una casa, øpor quÈ no pertrecharme con el mayor n?mero posible de herramientas?
Pero cuando empiezo a pensar en estrategia, el consejo no me cuadra. He aquÌ un ejemplo. Los daneses no esperaban ser invadidos por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Improvisaron como pudieron y en una lucha con mucho en juego emplearon una "diversidad de t·cticas". En la primera fase sus t·cticas fueron desde la colaboraciÛn a las peticiones al sabotaje. La diversidad no funcionÛ: algunas t·cticas iban contra las otras. Los daneses pasaron a otro grupo de t·cticas diversas: sabotaje, manifestaciones no-violentas y huelgas obreras. De nuevo unas t·cticas minaban a las otras, cada acto de sabotaje le daba a los alemanes nuevas excusas para atacar duramente a trabajadores y manifestantes.
Lo que realmente funcionÛ para mantener la integridad danesa y minar la m·quina de guerra nazi fue la siguiente estrategia que surgiÛ: incluÌa una prensa underground, huelgas masivas (en una ocasiÛn incluso una huelga general), manifestaciones no-violentas y pasar judÌos de contrabando al santuario sueco. [11]
La estrategia que surgiÛ era internamente consistente, de forma que las t·cticas se apoyaban unas a otras en vez de restar unas de otras.
He aquÌ un ejemplo m·s cercano a nosotros. Un pequeÒo grupo de activistas del Movimiento por una Sociedad Nueva consiguiÛ obstaculizar un objetivo de polÌtica exterior estadounidenses gracias al diseÒo de una estrategia de campaÒa que era internamente coherente. Los EE.UU. estaban apoyando, como hacen a menudo, una dictadura militar que estaba matando a miles de personas. De hecho, el dictador paquistanÌ Yayah Khan estaba matando cientos de miles de personas en Bengala Oriental, que querÌa su independencia. El gobierno de los EE.UU. mentÌa sobre su apoyo, pero los activistas descubrieron que barcos paquistanÌes se dirigÌan a puertos estadounidenses para recoger cargamentos militares para continuar las masacres. El grupo se dio cuenta que si los estibadores se negaban a cargar los barcos el gobierno de los EE.UU. se verÌa frustrado.
El problema era que los estibadores de la Costa Este tendÌan m·s bien a apoyar al gobierno, y adem·s querÌan alimentar a sus familias. Los activistas intentaron repetidamente persuadir a los estibadores que actuaran en solidaridad con los bengalÌes orientales, sin Èxito. Se necesitaba un poco de acciÛn. El grupo anunciÛ un bloqueo del puerto que esperaba el prÛximo carguero paquistanÌ y empezÛ a practicar "maniobras navales" con botes, veleros y el resto de su flota de juguete. Los medios de comunicaciÛn dieron cobertura en directo y los estibadores llegaron a ver por televisiÛn, asÌ como en persona, el extraÒo comportamiento de unos manifestantes que parecÌa que creÌan que podÌan detener a un carguero con sus min?sculos barquitos. La t·ctica aumentÛ la motivaciÛn de los estibadores para escuchar y discutir, y asÌ llegaron a aceptar que, si los activistas creaban el piquete, ellos se negarÌan a traspasarlo!
Cuando finalmente la campaÒa hubo funcionado en esa ciudad los activistas la llevaron a otras ciudades portuarias y finalmente, el Sindicato Internacional de Estibadores acordÛ que los trabajadores no iban a cargar armas dirigidas a Pakist·n en ning?n lugar de los EE.UU. El bloqueo iniciado por un grupo pequeÒo funcionÛ porque el grupo creÛ t·cticas de acciÛn directa especÌficamente dirigidas a la parte del p?blico que m·s debÌa influenciarse. [12]
La campaÒa hubiera fracasado si algunos activistas hubieran decidido romper cosas en los muelles: tales acciones hubieran apartado a los estibadores, que eran los aliados clave, que hicieron que la campaÒa fuera un Èxito. Es m·s, los activistas que hubieran sido tolerantes con la "diversidad de t·cticas" que incluyera destrucciÛn de propiedad hubieran sido irresponsables, porque hubieran estado fall·ndoles a los bengalÌes que estaban siendo atacados. En el clima actual entre activistas anti-globalizaciÛn, algunos activistas puede que dejen de lado la efectividad para estar a buenas con sus amigos en el movimiento, pero esa es una decisiÛn difÌcil si realmente te importan las tortugas o la gente pobre del tercer mundo.
La diversidad de t·cticas abierta a todas las posibilidades es como intentar construir una casa sin una estrategia, una casa que incluya panales solares, una chimenea, una estufa de gas gigante, calefacciÛn con radiadores elÈctricos, inmensas ventanas cara al norte, aislamiento tÈrmico, un jacuzzi en cada habitaciÛn, una habitaciÛn de meditaciÛn dedicada a la simplicidad, etc. Cuando construimos una casa debemos elegir, guiados por un concepto general. Eso es lo que tiene sentido cuando construimos una casa o un movimiento revolucionario.
Ward Churchill rechaza la idea que uno pueda ser a la vez revolucionario y no-violento. La no-violencia es esencialmente reformista, mantiene, y la revoluciÛn implica violencia. Agradezco este desafÌo, porque cada dÌa en cualquier periÛdico leemos sobre acciones no-violentas que fuerzan cambios de polÌticas y otras reformas; øadÛnde nos dirigimos para aprender sobre las posibilidades de la acciÛn no-violenta para el cambio revolucionario?
En la primavera del 68, Francia experimentÛ una insurrecciÛn revolucionaria de masas que llegÛ muy cerca de echar al gobierno. Es lo m·s cercano a lo que estamos hablando que ha ocurrido ?ltimamente, porque ocurriÛ entre lo que se llama una "democracia industrial liberal avanzada". Es muy relevante a los debates que escucho entre activistas.
En Mayo los estudiantes en ParÌs iniciaron una lucha por la reforma educativa ocupando las universidades y manifest·ndose en las calles. La policÌa respondiÛ brutalmente y pronto se corriÛ la voz sobre el sufrimiento de los estudiantes. Los sindicatos franceses, que tenÌan sus propias razones para el descontento, decidieron hacer huelga. Pronto habÌa 11 millones de trabajadores en huelga, y muchos de ellos habÌan ocupado sus trabajos. La ocupaciÛn se convirtiÛ en la t·ctica del momento: los trabajadores ocuparon gigantescas f·bricas de automÛviles, los enterradores ocuparon los cementerios y las bailarinas ocuparon el Folies BÈrgËre.
La lucha se endureciÛ. Las demandas se radicalizaron, de la reforma a la revoluciÛn, tanto entre trabajadores como entre estudiantes. Algunas ciudades cortaron el contacto con el gobierno central y empezaron a emitir su propia moneda. El presidente De Gaulle se vio forzado a consultar con los generales de las tropas francesas acantonadas en Alemania para asegurarse que estaban listas para venir a casa y efectuar una represiÛn masiva, porque no estaba seguro de la fiabilidad de las tropas que estaban en Francia. La mayorÌa de estudiantes y trabajadores estaban a un lado de la polarizaciÛn y los ricos estaban al otro. La cuestiÛn era la clase media: øhacia quÈ lado oscilarÌa? Muchos de ellos eran padres o amigos de estudiantes y estaban indignados por la brutalidad policial e inicialmente eran favorables a los estudiantes.
La televisiÛn estatal entrÛ en la lucha en pleno mostrando una y otra vez escenas de destrucciÛn de propiedades por los estudiantes, por ejemplo llevando coches a los cruces y quem·ndolos para crear barricadas, un mensaje poderoso no sÛlo para la clase media, preocupada por sus propiedades, sino incluso para los trabajadores que habÌan ahorrado durante aÒos para comprarse un coche.
TambiÈn, la clase media se encontrÛ con un vacÌo ahÌ donde deberÌa haber habido una visiÛn: si el Estado era derrocado, øquÈ sitio tendrÌan ellos en la nueva sociedad? Nadie podÌa responder a esa cuestiÛn porque no habÌa ning?n manifiesto por parte de estos nuevos revolucionarios que pudiera tranquilizar a nadie. Todo lo que la clase media podÌa hacer era sentarse con sus miedos ante la televisiÛn a ver las llamas.
Ya sabemos el resultado: el movimiento perdiÛ y el Estado y los grandes capitalistas ganaron, aunque el susto consiguiÛ algunas reformas. Una pregunta que podrÌamos preguntarnos los activistas aquÌ en los EE.UU. es øpor quÈ los estudiantes echaron de su lado a los aliados que eran esenciales para su Èxito?
Hay muchas razones y los lectores interesados en ese caso pueden leerlo en mi libro [13]. Las razones m·s importantes para nosotros son:
- Los estudiantes actuaban seg?n la tradiciÛn que decÌa "revoluciÛn=violencia o al menos destrucciÛn" y puesto que habÌan adoptado una postura revolucionaria aceptaron que iba todo junto. No fueron capaces de innovar sobre los medios de la revoluciÛn.
- Los estudiantes no comprendieron que los pilares de la "casa" francesa, de su ordenaciÛn polÌtica, era el consentimiento de sus habitantes, y que podÌan ganar aumentando la no-cooperaciÛn no-violenta de la gente. En 1968 no tenÌan los ejemplos de la caÌda del Sha de Ir·n, de Marcos, de las dictaduras de Europa del Este, etc, asÌ que no pudieron darse cuenta de que el poder popular es m·s fuerte que la lucha armada.
El sufrimiento de los trabajadores y estudiantes franceses no fue en vano si los activistas aprendemos de su experiencia. La acciÛn no-violenta es tan coercitiva, o m·s, que la violencia para luchar contra los opresores pero la base de esa coerciÛn es completamente diferente. El poder coercitivo de la violencia surge b·sicamente de la destrucciÛn: cl·sicamente, destruyendo el ejÈrcito enemigo, y en estos tiempos otro tipo de destrucciÛn tambiÈn. Los activistas que utilizan la violencia necesitan destruir, destruir y destruir, hasta que el enemigo se rinda o pierda su capacidad de resistir.
El poder coercitivo de la acciÛn no-violenta, por el contrario, surge de la no-cooperaciÛn. La dependencia del enemigo en el consentimiento de vuelve contra Èl cuando la gente se niega a "seguir como siempre". Incluso el Sha tiene que hacer las maletas; incluso Hern·ndez MartÌnez tiene que abandonar el paÌs. En algunos casos la dictadura se rinde, en otros el aparato entero se disuelve, como en Alemania del Este.
Si los estudiantes franceses hubieran sabido que sus posibilidades reales de victoria se basaban en la no-cooperaciÛn no hubieran necesitado barricadas ni destrucciÛn de propiedades - esas t·cticas tienen mucho m·s sentido en una estrategia que desemboque en la lucha armada.
Hablando con propiedad, no puede. Sin varias estrategias entre las que comparar, un activista que insista en ser estrictamente pr·ctico lo tiene crudo. Tomemos la confusiÛn de violencia con "radical" o "revolucionario". Hay muchos casos en que se usa la violencia para la reforma, no para el cambio radical. Pensad por ejemplo en los Teamsters [sindicato estadounidense] disparando a los autobuses de Greyhound durante una huelga. øUsaban la violencia para sustituir la propiedad capitalista de la empresa por la de los trabajadores? No lo creo. O los blancos que linchaban a negros. øHacÌan campaÒa por devolverlos de vuelta a Africa (un cambio revolucionario) o para "mantenerlos en su sitio" (una reforma, desde su punto de vista)?
La violencia no es la marca de f·brica del radicalismo o del fervor revolucionario porque se usa constantemente para muy diversos objetivos, incluyendo simplemente la auto-afirmaciÛn. Lo que convierte a la violencia en revolucionaria es que forme parte de una estrategia por un cambio social fundamental, y esa estrategia para los EE.UU. del siglo XXI es algo que a?n estamos esperando.
El revolucionario pr·ctico, duro, estrictamente pragm·tico, querr· hacer una comparaciÛn entre las estrategias que usen la lucha armada y las estrategias que usen el poder de la gente, en tÈrminos de quÈ estrategias tienen m·s posibilidades de conseguir ganar y llevarnos a nuestra visiÛn de una nueva sociedad. En ese momento podr·n los activistas discutir entre las diversas estrategias armadas y no-violentas.
Dado que incluso los m·s pragm·ticos entre nosotros no podemos tomar una decisiÛn bien informados hasta que existan esas estrategias, estamos todos en el mismo barco no-pragm·tico por el momento. Debemos tomar nuestras decisiones personales basados en otras consideraciones. AsÌ es como decido yo personalmente.
Estoy tremendamente cabreado por lo que se me ha hecho como hombre de clase trabajadora y como gay. No puedo intentar recordar el n?mero de veces que me he topado con los estereotipos de "cortito", "violento", "ignorante", "gandul" o "bestia sexual", "pederasta", "guarro", "marica", "inmoral", "rarito". A pesar de aÒos de lucha interior, que han curado mis heridas de diversas formas, a?n llevo en mis hombros el peso de mis complejos.
He sido discriminado, aunque no me han atacado fÌsicamente en serio. He visto a amigos hacer cosas terriblemente auto-destructivas a causa de la opresiÛn que habÌan internalizado; he estado en grupos activistas que no avanzaban porque sus complejos les llevaban a acabar con sus propios lÌderes; he llorado con amigos que se humillaban a sÌ mismos, permaneciendo en el armario cuando no habÌa necesidad, y con amigos que no creÌan en sus posibilidades por la clase de la que provenÌan.
Esta experiencia continuada de dolor me hace, en principio, estar a favor de la violencia como medio de auto-afirmaciÛn. Aunque raramente exploto en compaÒÌa de mis amigos, me encantarÌa explotar p?blicamente y "montar un n?mero".
Dado todo eso, mi elecciÛn estratÈgica de acciÛn no-violenta es una base, una base sÛlida que me sostiene y me permite ser el tipo inteligente de clase trabajadora que realmente soy, una base que me sostiene y me permite ser el gay equilibrado que realmente soy, y que apoya mi creatividad. Cada vez que me pierdo en la niebla de mi propia rabia, tengo un principio a mano que me hace recordar las cosas m·s importantes, y asÌ puedo parar un minuto y centrarme, para empezar a buscar otras opciones.
Y a menudo funciona. Me he encontrado rodeado por una banda hostil en una calle cÈntrica desierta en la mitad de la noche y mi creatividad empezÛ a echar humo como si fuera Einstein. EncontrÈ una forma no-violenta de salvarme. Un adolescente fuera de sÌ me amenazÛ con un cuchillo y encontrÈ un camino que nos sacara a ambos de la perdiciÛn. ConseguÌ que la policÌa dejara de pegarme, conseguÌ que ultraderechistas me dejaran tranquilo despuÈs de perseguirme, podrÌa seguir pero ya os hacÈis a la idea. Cuando decidÌ irme a Sri Lanka como voluntario para convertirme en un guardaespaldas no-violento de los activistas por los derechos humanos amenazados de muerte, un buen amigo me rogÛ que aceptara su regalo de una pistola y un chaleco antibalas. Los rechacÈ, para entonces confiado ya en que, en el momento de la confrontaciÛn, encontrarÌa una manera mejor y m·s segura de salir adelante.
Una forma de escoger es prestar atenciÛn a mis prejuicios y compensarlos aceptando un principio que me mantiene en pie [14].
Otra forma de escoger es darse cuenta de nuestra propia cultura y tomar responsabilidad por la forma en que nuestra cultura nos condiciona. Soy un hombre y el condicionamiento de los hombres es muy claro. øEn quÈ est·n de acuerdo John Wayne, George W.Bush, Mao-Tse-Tung y cualquier Director Ejecutivo? Que el poder polÌtico surge del caÒÛn de una pistola. Esta creencia sobre el poder es el paradigma reinante en toda nuestra cultura, pero los hombre tenemos un papel especial en implementar ese paradigma porque se nos educa para estar preparados para matar y para ser muertos. Dondequiera que manda el patriarcado, la violencia reina "cuando llega el momento de la verdad".
Las opiniones de la activista Starhawk sobre el poder son mucho m·s interesantes que la sobre-simplificaciÛn del patriarcado. Describe tres tipos de poder: el poder-sobre (la dominaciÛn, cuyo ejemplo m·s dram·tico es el acto de matar), el poder-con (la cooperaciÛn con otros, el trabajo en equipo) y el poder-desde-dentro (la fuerza psicolÛgica y espiritual) [15]. A mÌ, como hombre, se me educÛ para creer implÌcitamente que el poder-sobre es el m·s fuerte; cuando se requiere la fuerza m·s potente posible, estamos programados para ni tan sÛlo cuestionar la violencia.
Lo maravilloso del ser humano es que a veces nos salimos de nuestras cajitas culturales, e incluso los hombres pueden ser m·s creativos de lo que su programaciÛn espera. Abdul Gaffar Khan, de la Frontera Noroeste en la India colonial, fue educado en una cultura nÛmada a?n m·s centrada que la mÌa en las armas y en la versiÛn violenta del honor masculino. SaliÛ de su condicionamiento y organizÛ un movimiento de su feroz gente Pathan para resistir de forma no-violenta contra los ingleses. Los ingleses lucharon con m·s crueldad contra la campaÒa de los Pathan que contra cualquier otra, pero los Pathan eran disciplinados y resistentes.
Mi cultura dice "Para ser un hombre de verdad debo estar preparado para utilizar la violencia". Yo decidÌ no cooperar con ese guiÛn. El patriarcado ha perdido su credibilidad conmigo. Me comprometo a la estrategia de la no-violencia y desafÌo al patriarcado a hacerme cambiar de idea jugando con mi identidad.
SÌ me gusta ser pragm·tico, que es por lo que me he pasado cinco aÒos escribiendo el libro "Estrategia para una revoluciÛn viva", un marco pragm·tico para empezar a crear una estrategia revolucionaria especÌfica aquÌ en los EE.UU. [16]. Espero que pronto tengamos estrategias diferentes con las que discutir y debatir. Mientras tanto, lo que a mÌ me funciona es tener un lugar en que estar en la historia continuada de la lucha no-violenta, mientras me uno con otros camaradas para crear y aprender.
NOTAS
1 Una de las formas en que el sÌndrome de Vietnam tuvo efecto m·s tarde fue en impedir que Ronald Reagan invadiera Nicaragua con tropas estadounidenses, efecto amplificado por la amenaza de la DeclaraciÛn de Resistencia, de crear disturbios masivos y provocar un revuelo p?blico [regresar]
2 Chicago: Quadrangle Books, 1969 [regresar]
3 Este documento se creÛ mediante un proceso colectivo e internacional y se publicÛ en diversos idiomas. George Lakey, "A Manifesto for Nonviolent Revolution" /Philadelphia: Movement for a New Society, 1976), reimpreso en Richard Falk, Samuel S. Kim, Saul H. Menddlovitz (eds.), "Toward a Just World Order" (Boulder, Co.; Westview Press, 1982) pp. 638-652). [regresar]
4 Para aprender m·s sobre la fuerte resistencia no-violenta de los judÌos ante los Nazis, ver el artÌculo de Yehuda Bauer en "Protest, Power and Change" [1997] ed. Roger S. Powers and William B. Vogele, pp. 276-277. [regresar]
5 Ward Churchill, "Pacifism as Pathology", citado anteriormente, p.37 [regresar]
6 Ver la historia de Stephen Zunes en
"Unarmed Resistance in the Middle East and North Africa," en Stephen Zunes, Lester R. Kurtz, and Sarah Beth Asher, eds., "Nonviolent Social Movements : A Geographical Perspective" (Malden, Mass.: Blackwell Publishers, 1999) pp. 44-46. [regresar]
7George Lakey, "Powerful Peacemaking: A Strategy for a Living Revolution", (Gabriola Island, British Columbia, Canada: New Society Publishers, 1987) cap. 2 [regresar]
8 Stephen Zunes, "The Role of Nonviolence in the Downfall of Apartheid," "Nonviolent Social Movements" (citado anteriormente), pp. 203-230. [regresar]
9 Para ver una mayor muestra de los miles de casos de acciones no-violentas masivas de gente de color, ver Bill Sutherland and Matt Meyer, "Guns and Gandhi in Africa: Pen African Insights on Nonviolence, Armed Struggle and Liberation in Africa" (Trenton, NJ: Africa World Press, 2000); Philip McManus and Gerald Schlabach, eds., "Relentless Persistence: Nonviolent Action in Latin America" (Gabriola Island, British Columbia, Canada: New Society Publishers, 1991); Patricia Parkman, "Insurrectionary Civic Strikes in Latin America: 1931-1961" (Cambridge, Mass.: Albert Einstein Institution, 1990); Stephen Zunes, Lester R. Kurtz, and Sarah Beth Asher, eds., "Nonviolent Social Movements: A Geographical Perspective" (citado anteriormente); Gene Sharp, "The Politics of Nonviolent Action" (Cambridge, Mass.: Porter Sargent, 1973). [regresar]
10 Un libro claro e inspirador de una mujer que construyÛ una organizaciÛn de base enfrentando abiertamente las divisiones de clase y raza en nuestra sociedad es el de Linda Stout, Bridging the Class Divide" (Boston: Beacon Press, 1996). [regresar]
11 Eso se ha capturado de forma vÌvida en el documental "Una fuerza m·s poderosa: un siglo de conflicto no-violento", que se emitiÛ en el Public Broadcasting System en el 2000 y que est· disponible en Films for the Humanities and Sciences, PO Box 2053, Princeton, NJ 08543-2053; web site: www.films.com. El libro que lo acompaÒa es de Peter Ackerman and Jack DuVall, "A Force More Powerful: A Century of Nonviolent Conflict" (New York: St. Martin's Press, 2000). [regresar]
12 Esta campaÒa, que tiene m·s que enseÒarnos sobre acciÛn directa que espacio para exponerlo hay aquÌ, se describe golpe a golpe por Richard K. Taylor, "Blockade", (Maryknoll, N.Y.: Orbis, 1977). Esta campaÒa de solidaridad con Bangladesh ocurriÛ en 1971-72. [regresar]
13 "Powerful Peacemaking: A Strategy for a Living Revolution", citado anteriormente, cap. 2 [regresar]
14 Barbara Deming escribe de forma elocuente y poderosa sobre esto en su ensayo "Revolution and Equilibrium" publicado en 1968 en Liberation Magazine, disponible en el A.J. Muste Memorial Institute, 339 Lafayette St, New York, NY 10012 [regresar]
15 "Dreaming the Dark: Magic, Sex and Politics" (Boston: Beacon Press, 1988), cap. 1 [regresar]
16 La ediciÛn revisada se llamÛ "Powerful Peacemaking: A Strategy for a Living Revolution", citado anteriormente [regresar]
Gracias a Skylar Fein y LeRoy Moore
Copyright 2001 George Lakey